De pronto alguien golpeó la puerta de la habitación del hotel. Nos miramos las caras a ver quién sería el más amable y atendería. Entonces Wagner se levantó y se dirigió a abrir no sin antes verificar si aquella persona advertía la clave.
- Patito patito –dijo Wagner.
- No jodas. Abre chato, soy Jorge. No estoy para bromas.
- Patito patito –insistió.
- Abre pe, huevón.
- he dicho: patito patito, mierda, si no sabes responder entonces vete.
- Cua cua.
Wagner se sintió ganador por unos segundos y abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja que no tardó en eclipsarse. Jorge estaba furibundo, con ganas de meterle unos buenos golpes, por lo cual lo cogió del cuello del polo. Pero se contuvo. Nos miró como si no se acordara que somos amigos. Se dejó caer sobre la cama que le pertenecía. Llevó sus manos a su rostro, y el grande y alegre charapo comenzó a llorar.
- Déjenme solo, causas, se los pido –nos dijo el charapo tratando de sonar convincente.
- Qué pasa, charapito, por qué lloras –le preguntó Daniel.
- Déjenme solo, causas. Lorenzo, llévatelos a otra parte. Necesito estar solo, pe.
- Ya escucharon al charapo, vámonos abajo a comernos unos triples –dije.
- Mejor vamos al cuarto de las chicas, pe. Segurito que el profe FIFA ya está jato. Vamos a molestar a Miriam y las demás, pe, Lore, qué dices. Habrá que aprovechar el sueño de FIFA.
- Y las chicas también, pues, huevón. Seguro ya están jato –intervino Wagner.
- Patito patito –dijo Wagner.
- No jodas. Abre chato, soy Jorge. No estoy para bromas.
- Patito patito –insistió.- Abre pe, huevón.
- he dicho: patito patito, mierda, si no sabes responder entonces vete.
- Cua cua.
Wagner se sintió ganador por unos segundos y abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja que no tardó en eclipsarse. Jorge estaba furibundo, con ganas de meterle unos buenos golpes, por lo cual lo cogió del cuello del polo. Pero se contuvo. Nos miró como si no se acordara que somos amigos. Se dejó caer sobre la cama que le pertenecía. Llevó sus manos a su rostro, y el grande y alegre charapo comenzó a llorar.
- Déjenme solo, causas, se los pido –nos dijo el charapo tratando de sonar convincente.
- Qué pasa, charapito, por qué lloras –le preguntó Daniel.
- Déjenme solo, causas. Lorenzo, llévatelos a otra parte. Necesito estar solo, pe.
- Ya escucharon al charapo, vámonos abajo a comernos unos triples –dije.
- Mejor vamos al cuarto de las chicas, pe. Segurito que el profe FIFA ya está jato. Vamos a molestar a Miriam y las demás, pe, Lore, qué dices. Habrá que aprovechar el sueño de FIFA.
- Y las chicas también, pues, huevón. Seguro ya están jato –intervino Wagner.
- No creo. Mejor vamos a comprobarlo, causas –dijo Daniel
- Pero qué te pasa, charapo. Mira tú, si bien te dejaremos un rato, no vayas a hacer tonterías. Ya me contarás por qué estás así, amigo –le apoyé.
- La cagué, huevón. La cagué.
Y a pesar que insistimos tanto, Charapito se encerró en un mutismo permitido y pavoroso. Sólo yo me di cuenta de lo había sucedido, qué más podía ser. Charapito iba a ser papá. A Romina no le habrá venido la sangre mensual y común, y ya. Es todo. Es tarde para ellos, o muy temprano tal vez.
Ya de madrugada, Lorenzo regresaba solo del cuarto de las chicas porque el sueño lo estaba venciendo. Escuchó a través de la puerta que su buen amigo roncaba. Abrió la puerta. Se acercó para ver los gestos dormidos del charapo. Parecía un león gordo y perezoso. Le cogió de la mano para darle un apretón.
- La cagué, Lore.
- Lo sé, charapo. Lo sé.
- Pero qué te pasa, charapo. Mira tú, si bien te dejaremos un rato, no vayas a hacer tonterías. Ya me contarás por qué estás así, amigo –le apoyé.
- La cagué, huevón. La cagué.
Y a pesar que insistimos tanto, Charapito se encerró en un mutismo permitido y pavoroso. Sólo yo me di cuenta de lo había sucedido, qué más podía ser. Charapito iba a ser papá. A Romina no le habrá venido la sangre mensual y común, y ya. Es todo. Es tarde para ellos, o muy temprano tal vez.
Ya de madrugada, Lorenzo regresaba solo del cuarto de las chicas porque el sueño lo estaba venciendo. Escuchó a través de la puerta que su buen amigo roncaba. Abrió la puerta. Se acercó para ver los gestos dormidos del charapo. Parecía un león gordo y perezoso. Le cogió de la mano para darle un apretón.
- La cagué, Lore.
- Lo sé, charapo. Lo sé.
- Sí, Lore, yo pensé que me amaba y así me pagó.
Entonces Lorenzo comprendió que no sabía nada.


Es gracioso. Su títilo está en relación con todo el argumento. Muy bonito.
ResponderEliminar