miércoles, 26 de marzo de 2008

Carta a mi amigo o amiga Mezquindad

A mis cinco sentidos, porque ustedes son una bendición de Dios que tengo a bien expresar.

Hola Nadie, Mezquindad.

Lamento no ser tan triste y más alegre. Una serpiente se cayó al mar y se secó como un charqui en la orilla. Yo, felizmente era un muy muy; rápidamente hice un hoyo en la arena. En esa hora negra y sin sombra que todos rieron tristes. Mas yo, Mezquindad, no sabes, reí y reí nomás. Tres horas se juntaron para pasar sin darnos cuenta. Qué bueno que los cachaste a tiempo a esos minutos cornudos. Mezquindad, yo te pasé la voz, no seas cabrón, dame algo de crédito (hombre o mujer) que descubre lo descubrible. En cambio yo, amigo íntimo, tengo la capacidad de descubrir lo indescubrible, muchas veces lo indeseable, tantas veces lo odiado. Hay de los ojos que se empañaron aquella tarde. Apropósito, amigo o amiga, jamás he visto tus ojos ni lo que representa tu mirada. Eres tan misterioso, tan dificil de conocer a pesar de los años que me acompañas y que no te vas. Continúo mi lamento por esos ojos que se empañaron aquella tarde preciosa llena de rosas de un color medio anaranjadas, un color sin igual que tuve a bien comprar para después empañar mi visión de lágrimas cada vez menos saladas. Y se confundieron con el agua del mar por su abundancia. Afortunadamente ella era un pelícano con convicciones; y secó el mar con sus cabellos; pero un gorrioncillo ha llegado a tomarse el agua de íntegro. Por eso río (de reír), amigo. ¿No sabías? Así pregunta mi hermana Tabitha cuando responde cosas obvias.

Incontables son los garabatos que hice en mi cuaderno cuando suplicaba por cariño, cuando me puse a mendigar amor cual pordiosero en el puente Angamos con mis hijos que son los ojos rojos y la tembladera de un cuerpo desesperado.Y todo se puede reparar porque todo tiene solución dicen los más antiguos de la tierra. Aquellas personas algunas vez han sido jóvenes como yo, y algunas veces todavía lo son. Y soy feliz como muy muy, Mezquindad, porque cuando se me antoja me escondo en la arena del mar que secó el gorrioncillo. Me cojo de sus alas marrones para volar con ella. Por momentos le invito a pasar a mis huecos, y otras veces cavo huecos en su misma frente para que vea de lo que soy capaz. Del pelícano ya me he olvidado; se ha escondido detrás del cielo. Yo sé bien donde encontrarla. Pero las barbas me dicen que estoy viejo y cansado como para volar otra vez. Mis alas se han gastado, mas mis piés todavía son bastante fuertes. Tal vez llegue al cielo caminando para visitar al pelícano, tal vez valga la pena. Tal vez ya no llore cuando la tenga en frente, porque mis manos se han gastado como mis sentimientos. Y mis ojos se han llenado de dolor sin lágrimas, en esta hora que cruje y calla y que, en realidad son tres horas, ya ves, Mezquindad, no te has dado cuenta. Se acaban de pasar tres horas, cabrón, y sólo yo me percaté pero no te dije nada. Temía en que te ibas a quedar con el crédito otra vez. Y otra.

Ya el ocaso se asoma a tu mirada. Y mis manos son verdaderas alas que sea agitan en una esquina. Un muy muy con alas. Y ya me voy. Me voy en dirección del mar, del sol, de las estrellas. Me voy al cielo, Mezquindad, donde tú no me puedes acompañar.´Lo siento. Te dejo un par de tiempos, un par de momentos, un par de espacios. Me extrañarás amigo o amiga, porque sé que me amas más que a tu misma vida. Sé que te has acostumbrado a mí, sé que nos unen mejores lazos que los de los regalos de mis cumpleaños (Regalos que son pocos pero significativos). Extrañaré lo escondido y las travesuras que más se te ocurrian a ti que a mí. Extrañaré tu intelecto y tu cultura. Adiós.

Te ama,

Anthony Yupanqui Lorenzo

Pd: Te veo en Febrero cuando el mar se vuelva a llenar y las gaviotas canten ese himno adventista que tanto escuchaba.

2 comentarios:

  1. He sentido esa Mezquindad de la que hablas, lo siento, esto también pasa. Por otro lado, quería decirte que Te mereces ¡Grande Terry! Te quiere: Dhan.

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